sábado, 11 de mayo de 2013

Preparando los chapuzones veraniegos




El terreno Pájaros en la cabeza, tiene una alberca redonda construida por algún “tatara-” de Esther, cuyo uso en los últimos 20 años, ha sido el de albergar las inmundicias varias de los agricultores de la zona.


Hoy, después de dos semanas de trabajo matinal, podemos decir que está limpia.

 Desde el momento en el que decidimos la ubicación de la casa y supimos que cabría la posibilidad de empezar a construir este verano, vimos la necesidad de limpiar y arreglar la alberca, para usarla como contenedor de la gran cantidad de agua que necesitaremos para la construcción de nuestra casita – que gusto me da poder escribir "nuestra casita" como una realidad en un futuro cercano – y, por qué no, para darnos un bañito que nos haga llevar mejor el “albañilear” en un verano manchego.

Durante este mes en el que Esther ha estado dándole duro a la redacción del proyecto para presentarlo en la facultad, yo he estado trabajando quitando la basura acumulada durante decenios en nuestra futura piscina. Miles de kilos de cóctel de desechos que ya había creado un microclima en el que las avispas eran las reinas.

En realidad, no puedo decir de la gente que ha usado la alberca como contenedor durante estos años, que sean unos absolutos cerdos, porque doy fé de que en al menos dos ocasiones, la musa de la higiene ha llamado a su puerta. Lo que pasa es que en su caso no llegó con bolsas de basura y escoba, sino con gasolina y un mechero, por lo que he tenido que lidiar con dos costras de 4 metros de diámetro, de desechos plásticos derretidos. Sintiéndome un poco arqueóloga al poder descubrir formas reconocibles entre tanta masa informe.

Durante las últimas dos semanas, cada mañana he cogido mi bicicleta, mi azada y a la Chula y me he ido silbando hasta allí, sintiéndome un poco como mi vecino Ciriaco – pero sin blusón negro, sin albarcas y sin mula - ¿Será esto que ya voy siendo un poco neorural?-
                
En mi tarea de limpieza, he separado las botellas que aún estaban enteras del resto de basura, para poder utilizarlas como material de construcción.  Disponemos de cientos de ellas, sobre todo botellines de cerveza, así que habrá que ir pensando donde pasarán su segunda vida. 

Hoy, después de dos semanas de mañanas nadando en la inmundicia, puedo decir que la alberca esta limpia. 

He superado esta prueba con tan solo una picadura de avispa en el brazo, un pinchazo de cristales en la mano y una decena de fotos como testimonio. Pasamos a la siguiente fase: operación reparación.

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