sábado, 15 de agosto de 2015

Pancha, un perro mastín adolescente





Un post dedicado a nuestra loca perra adolescente en celo. 

Pancha es una mastina de un año y 60 kilos, tiene la energía del uranio, más fuerza que un toro, la rapidez de una gacela y el cerebro de un grillo....





Hasta este verano Pancha compartía parcela con Chula, nuestra perra de ocho años. Desde pequeña la ha acompañado en su vivir en Pájaros en la Cabeza, pero este verano tuvieron una medida de fuerzas en la que Pancha ganó, y así comenzó su nueva vida como líder de la manada. 
Chula se reduce y vemos que no lo pasa bien, le da miedo acercarse a Pancha que se encrespa al acercarse a ella, Chula  con heridas de mordeduras en el lomo, comienza a subirse en la furgoneta cuando ve que nos vamos y a dar muestras indiscutibles de que no quiere quedarse a solas en la parcela con Pancha. 

Hace un año que mató jugando al gallo Gallego, pero entonces era una cachorra de 3 meses y aunque el animal perdió la vida de un infarto, no tenía señales de mordeduras.
Este Junio, en cambio, se dio un festín. 
¡¡¡4 gallinas en 2 días!!! Así que el gallinero sigue estando precioso y vacío de habitantes. Dice ella que no comemos huevos, y no comemos huevos!!! 

En la foto de la derecha la evolución de los peludos desde el verano pasado (la que lleva botas soy yo)

Pero todo esto son minucias, el colmo supercolmo ha sido su primer celo adolescente. Con él comenzó a ser ingobernable. Mientras nosotras estamos en la parcela respeta nuestra presencia, pero en el momento que nos vamos le da lo mismo romper la valla que destrozar el hormigón con tal de encontrarse con su amado Canelo (un perro sin hogar, sin dientes y nada apuesto que se las sabe todas). Pancha está enamorada y nosotras somos un incordio en su vida. 


Ni Pancha es tan coqueta, ni Canelo tan apuesto como Golfo
pero esta imagen se me ha venido a la cabeza muchas veces
durante el mes de agosto. Qué lástima tener que hacer el papel
de la desagradable tía Sara.
En verano abren un restaurante-terraza a 200 metros de nuestra parcela y nuestra protagonista y su amado van a comer basura gourmet cada noche, han abierto un agujero en la valla que comunica tres chalets vecinos, con buena sombra y agua... Total, que no nos necesita para nada.
Hemos agotado todas las posibilidades de oponernos a sus necesidades escapistas y finalmente, después de varias semanas de llamadas de vecinos de la zona, (en especial del dueño del restaurante, por asustar a los clientes, atacar a su perro y poner en riesgo a los coches que pasan por la carretera) hemos tenido que llevarla de campamento a casa de las tías Ani y Mer (una casa de pueblo con corral) hasta que se le quite la tontería y podamos esterilizarla.... a ver si conseguimos hacernos con ella.

En las semanas de mayor índice de “poblemática”, la llevamos unos días a casa de nuestro amigo Jesús Castellanos, apuesto galán calatravo, sabio pastor amante de la naturaleza y adiestrador de perros. Su diagnostico fue: "no tiene claros los límites de su territorio." Siempre las hemos dejado salir a dar un paseo por la zona solas (qué jipis comeflores!). Al silbarles, mal que bien, volvían al redil, pero según Jesús la Pancha tiene complejo de rey león (“todo lo que baña la luz es su reino”...)

Cuando vuelva sin celo y más tranquila tenemos como indicación ser inflexibles con ella y no saludarla al llegar a la parcela para que se le bajen los humos. Hacerle el interior del vallado más atractivo echando algunos trocitos de salchicha por la parcela para que eso le haga estar más pendiente de lo que hay dentro de la valla. 
Será bueno ver cerrado el bar de carretera y que su olor no atraiga a su Don Juan desdentado.



Pancha con nuestra amiga Romi en junio 2015

2 comentarios:

Lucía Moreno Velo dijo...

Es que son como niños: necesitan una guía constante y las cosas muy claritas. Qué difícil es encontrar un equilibrio entre la firmeza y la ternura.
Un beso y suerte,
Lucía

Supercalifragi dijo...

Ya te digo....